sábado, 10 de diciembre de 2011

Noches sin reproches X

- Qué haces acá?
- Te vine a buscar.
- …
- Mis viejos tuvieron un accidente.
- No me digas que te contaron de tu concepción.
- Están muertos Rebe.
Y ahí, en un minuto, la razón de mi existencia había cambiado. Todo había cambiado, el enojo se fue, el rencor. Quería abrazarlo, cuidarlo y decirle que todo estaba bien, pero quizás eso era lo que él sabía que yo iba a hacer. En el fondo, me conocía más que lo suficiente, sabía qué decir y qué hacer para tenerme a sus pies, para volver a ser su muñeca. No podía ceder, el orgullo era muy grande ésta vez.
- Bien, 2/5 … ahora anda por tus hermanitos y la herencia es completamente tuya.
- Sos una enferma, te convertiste realmente en una pelotuda.
- ¿Entonces por qué estás acá?
- Porque creí que de ese personaje nefasto que me mostrás, que construiste y que no sos vos, quedaban vestigios de esa mujer de la que me enamore.
- ¿Qué carajo boludo?, en serio, ¿qué carajo? Viniste a pedirme consuelo y consejo, o viniste a pintarme una mentira para que te tenga un poco de compasión? Perdóname pero el karma es muy poderoso.
- ¿Vos realmente pensas que te estoy mintiendo?
- ¿Vos realmente pensas que soy tan estúpida? Sos la persona más manipuladora que conocí en mi vida.
- Hija de puta.
- ¿Qué me dijiste? – Me acerque a su cara, mirándolo desafiante, furiosa.
Me tomó fuerte de la cinutra, sin temor y me dijo - Te amo – desarticulando mis sentidos, mis articulaciones, mi vida. Me besó, vaya si me besó. Lo hizo como si fuera la primera y última vez, con el corazón en la punta de su lengua, con azúcar en las comisuras de sus labios y fuego en sus ojos. Me besó y me sentí tan amada, tan endeble. Tan suya, siempre tan suya.
Después de ese beso una vorágine de sensaciones acudieron a mí, y a él, las cosas se fueron un poco de las manos, o se fueron demasiado a ellas desesperadas quitándonos la ropa. No lo sé, pero terminamos como si los últimos 5 meses nunca hubiesen sucedido, como si nada del pasado fuera real y, créanme, yo no quería que lo fuera.
- Perdón.
- No sé qué pretendes que te diga.
- Cierto... vos no crees en esas palabras paganas.
- Yo no creo en vos.
- ¿Y qué fue esto?
- Que te ame, no implica que te crea. Te amo pero no creo una sola palabra que sale de tu boca.
- Lo de mis viejos, por ejemplo?
- …
- Eso es real.
Un escalofrío bajo mi espina dorsal y me paralicé.
- Sos un sádico hijo de puta si me hiciste creer que era mentira para acostarte conmigo.
- …
- ¡¡OH POR DIOS!! SÁDICO HIJO DE RE MIL PUTA. – Parándome y agarrando las cosas.
- ¿Me vas a dejar hablar?
- Te odio hijo de puta, te odio.
- Están vivos.
- …
- …
- …
- Estás jugando con mi cabeza otra vez?
Así era él, así eran sus pequeños enfermos juegos mentales, otra vez lo mismo. No iba a cambiar.

- Te amo.
- No me vengas con esas estupideces de amor ahora. Decime la verdad.
- ¿Podes dejar de cortarme cuando hablo?
- Te amo.
- Eso ya lo escuché.
- REBECCA, CERRA EL PICO.
- Ni se te ocurra gritarme. Acá la histérica soy yo.
- CÁLLATE.
- …
- Te amo, a vos y a toda tu complejidad mental, a tu manera de sobre-analizar las cosas, a tu poder de escanearme, saber lo que pienso y estoy por decir. Te amo y te necesito en mi vida, cómo jamás pensé que iba a necesitar a alguien. Soy un cínico, sádico hijo de re mil puta, pero jamás te manipularía porque vos sos libre y así me gustas: libre, histérica y malhumorada. Mis viejos están internados, pero están bien…mañana les dan el alta. No estuve bien en mentirte, pero necesitaba saber que todavía sentías algo.
- Andáte.
- Reb..
- ANDÁTE.
- ¿Por qué?
- Por que vos me querés libre, pero con las alas cortadas; me queres idealista, pero de tus ideales; me querés mal humorada, pero con sonrisas; y yo no puedo ser dos mujeres a la vez, a penas puedo ser yo misma y quererme.
Eso es lo que vos no entendes del amor, el amor no es poseer y necesitar Galo, el amor es sentir y sufrir por mal que suene, el amor es querer que la otra persona siga adelante. Vos no queres que yo siga adelante, vos querés que fluya en la constancia y a mí la constancia no me va. No me va esto, esto de no verte en 5 meses y que vuelvas a querer adueñarte de lo poco que es mi vida y mis metas. Querés que vuelva a obsesionarme con vos, con tu piel, tu olor, tu amor. Yo vine acá buscándote a vos y me termine encontrando a mí, ya no importa nada Galo, ya no te quiero ver. Quiero encontrarme a mí, pensé que buscándote a vos iba a poder, pero vos querés que me encuentre sin perderme…y yo no estoy segura que pueda hacer eso, no estoy segura si quiera si me enamoré de vos o de mi versión de vos. No sé ni quien sos, ni quien fuiste. No sé ni quien soy, ni quien fui. Pero no quiero un adiestrador de perros en mí vida, no quiero que me adiestres…quiero que me ames en toda mi salvajez. Y no podes mi amor, no podes. No podes vivir conmigo y tampoco sin mí. Pero yo sí puedo Galo, yo sí. Es lo que voy a hacer.

En ese preciso momento me vestí y le tiré la ropa a él, miré el reloj. Eran las 5:01, estaba por llegar César. Él seguía sentado sin poder creer mi verborragia de verdades, sin poder creer que por fin le había dicho todo lo que necesitaba decirle. Podía haber sido mi primer amor, pero no tenía derecho a conquistar mi vida a lo Cristobal Colón y matar mis sueños, quebrar mis alas. No. No lo tenía y yo lo sabía. Pero jamás había tenido el coraje para decírselo.
Lo miré como una ameba, y le dije

- Mi turno terminó, mi jefe está por llegar. Te podes quedar acá sentado o te podes ir, no me importa. Esta es la última vez que nos vemos. Espero que tu vida sea buena.
- Reb.. - Lo interrumpí.
- No me digas más nada.

No tuvo ni el coraje ni las ganas de continuar con la frase. Me sentí conforme, abrí la puerta y salí a la calle, el sol estaba un poco más brillante, el aire más fresco, el mundo más amigable. Probablemente en mí estaba habitando un cúmulo de palabras que tenían día de vencimiento, día de nacimiento.

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