lunes, 14 de noviembre de 2011

Noches sin reproches II

Fue la primera vez que lo miré y no le pertenecí.
Renacieron sus ojos miel entre la gente, me miro y no le pertenecí.
Intento poseerme con sus ojos, consumirme como siempre lo ha hecho.
Pero no le pertenecí, me atrevo a creer que quizás nunca le pertenecí,
que quizás fue todo un mal sueño, una aventura masoquista

Se acerco con su majestuosa reconocible belleza,
Dejándome sin aire como siempre, pero sin robarme
Me miro fijo, como si esperara algo de mí,
la reacción obvia que no iba a volver a suceder
Lo mire con el rabillo del ojo, con desprecio, con memoria

- Hola, ¿cómo andás? - Me susurró al oído
Tenía una mezcla de sentimientos adentro, me había encontrado en la ciudad en la que nadie se encuentra a sí mismo, y yo debía responderle porque me había escapado aquella noche. Porque lo use para cerrar las heridas de su autoría
- Bien, ¿qué necesitas? – Después de haber podido amarlo yo estaba alejándome de él, quizás siempre hice lo mismo, siempre después de recibir amor me cerré y lo alejé porque sabía donde terminaba la historia, porque sabía que palabras iban a salir de sus labios, porque no me hace falta imaginación para darme cuenta.
- Pensaba que podíamos hablar, te estuve buscando.
- Yo también me estoy buscando, pero raramente me encuentro ¿sabes?
- Solías decir que cuando estabas conmigo te encontrabas
- Sí, también solía decir que te amaba

Fue un golpe bajo, siempre supe como alejar a alguien, es la parte más fácil, ¿para qué dejarlos entrar, si eventualmente todos se van a marchar? Se quedo tieso mirándome, mi soberbia me gano de mano y solté un prepotente - ¿Qué? – Sacudio la cabeza, como queriendo despejarla, me miro y me dijo:
– Tenías razón, no sos la misma.
- La gente nunca es la misma.
- Pero vos eras tan diferente, tan..
- Tan tuya?
- Tan íntegra.
- No me vengas con ese tipo de boludeces sentimentalistas y espirituales, me haces acordar a mí.
- Ya no tenés esperanza?
- Ya no tengo corazón.
- ¿por qué?
- Es más fácil así.
- No sabía que eras fan del facilísimo
- Y yo que vos fueras psicólogo.
- Quizás deberías conseguirte uno.
- No reflejes en mí tus necesidades.
- Bueno, me voy.
- Ya conoces el camino hacia la puerta.
- ¿No me vas a decir nada?
- ¿Te tengo que aplaudir mientras te vas?
- Baja de la nube, por ahí alguna vez entiendas algo de la vida.
- Baja vos, yo ya me caí hace rato.
- No entendes nada.
- Vos.

Y cerró estrepitosamente la puerta con un estruendo de fondo. Sentí por primera vez que no estaba enajenada ni a él ni a su enojo, era tan fácil hacerlo enojar, hacer que se marchara, que me odiara.. Nunca me había dado cuenta lo mucho que lo conocía sin saberlo.

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